Compromiso moral en la actividad económica (II)

Compromiso moral en la actividad económica (II)

La valoración que hace el Catecismo de los sistemas económicos podría resumirse en los siguientes puntos:

a) Es moralmente inaceptable toda «teoría que hace del lucro la norma exclusiva y el fin último de la actividad económica» (nº 2424,1). Convendría subrayar los adjetivos exclusiva y último ya que constituyen la razón por la que se afirma la incompatibilidad con la moral.

b) 'Todo sistema que sacrifica los derechos fundamentales de la persona y de los grupos en aras de la organización colectiva de la producción es contrario a la dignidad del hombre (nº 2424,2). Con estas palabras, tomadas de Gaudium et spes , queda descalificado todo sistema que no respete la libertad del hombre en la vida económica, su condición de protagonista, de autor, centro y fin de la misma.

c) «La Iglesia ha rechazado las ideologías totalitarias y ateas asociadas en los tiempos modernos al 'comunismo' o 'socialismo'» (nº 2425). Se trata de la ideología subyacente al colectivismo como sistema económico declarada lógicamente incompatible con la fe cristiana.

d) La Iglesia «ha rechazado en la práctica del 'capitalismo' el individualismo y la primacía absoluta de la ley del mercado sobre el trabajo humano ( Ibidem ). El individualismo es incompatible con la concepción cristiana del hombre, con su vocación comunitaria, con la concepción cristiana del sentido de la vida social. Ahora bien, ¿el individualismo es consustancial al capitalismo? El texto no lo afirma, sino que más bien rechaza el individualismo presente en la «práctica» del capitalismo.

e) «La regulación de la economía por la sola planificación centralizada pervierte en su base los vínculos sociales» ( Ibidem ). Claramente se rechaza el planteamiento colectivista que no respeta la libertad y la iniciativa de la persona en la vida económica.

f) La regulación de la economía «únicamente por la ley del mercado quebranta la justicia social» ( Ibidem ). Y, tomando un texto de Centesimus annus , se da la razón: «existen numerosas necesidades humanas que no pueden ser satisfechas por el mercado». ¿De qué necesidades se trata? De diversa índole, sin duda, culturales, religiosas, por ejemplo. Pero entiendo que el texto se refiere también, e incluso sobre todo, a necesidades que no son solventables por la sola ley del mercado, pero que deben solventarse por medio de la actividad económica, es decir que están dentro de los objetivos y finalidades que debe perseguir la economía.

g) «Es preciso promover una regulación razonable del mercado y de las iniciativas económicas, según una justa jerarquía de valores y con vistas al bien común» ( Ibidem ). La racionalidad en el mercado viene dada por la referencia al bien común, es decir, por el respeto a las exigencias de la justicia social. El mercado, abandonado a sus propias leyes, puede salvar las exigencias de la justicia conmutativa, interindividual, pero no las que dimanan de la condición social del hombre, de su vocación comunitaria, con sus derechos y deberes.

Claramente el Catecismo opta por una economía de libre mercado, poniendo de relieve, por una parte, las limitaciones del mercado abandonado a sus propias leyes, y, por otra, la necesidad de entender el adjetivo «libre» en los parámetros en que debe ser comprendida la libertad humana, en su referencia obligada a la verdad sobre el hombre, en un marco obligado de referencia a valores éticos y a normas jurídicas, que permitan a la actividad económica cumplir el obligado servicio a la persona.

Cabe por último observar que, de las dos finalidades propias de la actividad económica, es decir, la producción y la distribución de bienes o riquezas, el Catecismo, como viene siendo habitual en la moral cristiana, presta una especial atención al segundo de los objetivos, a los comportamientos que afectan a la justa distribución. Quizás sea necesario un esfuerzo para destacar, a su vez, la importancia de los comportamientos morales relativos a la producción de riqueza como finalidad importante de la actividad económica.

Compromiso moral en la actividad económica (I)


Compromiso moral en la actividad económica (I)


El tema de las relaciones entre economía y ética viene siendo objeto de una atención creciente tanto por parte de los moralistas como por parte de los cultivadores de la ciencia económica.

El Magisterio eclesial y la teología moral han entendido siempre que la actividad económica es una actividad humana que tiene su sentido en el servicio a la persona y debe realizarse, por tanto, en obligada referencia a concretos valores morales. La constitución "Gaudium et spes" ha concretado con claridad lo que constituye el marco ético de referencia en la economía al afirmar que el hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida económico-social.

Por su parte los economistas se han planteado con frecuencia la cuestión de si su disciplina científica ha de ser considerada como una ciencia puramente positiva o si, por el contrario, tiene también un carácter normativo. Si bien se acepta que el campo de la ética y el de la economía son lógicamente distintos, se reconoce que en la práctica son inevitables las conexiones entre ambas.

La economía no es una actividad neutra en relación con la ética, por lo que la explicitación de las opciones éticas, que subyacen a las decisiones y actuaciones en el ámbito económico, se presenta como un tema importante, que interesa tanto a moralistas como a economistas.

El Catecismo comienza reconociendo, como una exigencia del respeto a la legítima autonomía de las realidades temporales y, por tanto, de la autonomía de las ciencias, que la actividad económica, «ordenada ante todo al servicio de las personas, del hombre entero y de toda la comunidad humana», está lógicamente «dirigida según sus propios métodos». Añade a continuación que «debe moverse no obstante dentro de los límites del orden moral, según la justicia social, a fin de responder al plan de Dios sobre el hombre» (nº 2426).

Ya se comprende que la apelación a la justicia social, como referente obligado de la actividad económica,
está indicando la existencia de deberes concretos en este campo más allá de las exigencias de la justicia conmutativa, deberes morales que, exigidos por la justicia del bien común, pueden pertenecer en su raíz a otras virtudes.

Recuerda el Catecismo que en materia económica, para que efectivamente se respete la dignidad de la persona, es necesaria la práctica de tres virtudes: templanza, justicia y solidaridad (cfr. nº 2407).

La templanza asegura el mantener una actitud adecuada ante los bienes económicos moderando el excesivo apego a los mismos. Garantiza, así, el señorío del hombre sobre las cosas e impide caer en un burdo servilismo que degenera en esclavitud. Es lo que ocurre cuando se cae en el vicio del consumismo en cuanto implica una manipulación artificiosa de las necesidades humanas un volcarse en la búsqueda de la satisfacción del tener en detrimento del ser . Por otra parte es la virtud de la justicia la que, en el ámbito económico, vela por el respeto a los derechos del prójimo, al inclinar la voluntad a darle lo que le es debido, como indica el texto del Catecismo . No se explicita de qué justicia se trata.

En todo caso no se puede pensar únicamente en la justicia conmutativa, en la que tiene especial vigencia en el ámbito contractual. Debe entenderse de la justicia en sentido más genérico, comprendiendo por tanto la justicia social. De ahí que a la justicia debe acompañarle la solidaridad como expresión de deberes morales no formulables desde la justicia considerada a nivel únicamente interindividual.

La libertad es un bien que debe respetarse también en el campo de la actividad económica. En línea de continuidad con el Magisterio social de las últimas décadas, el Catecismo defiende el derecho de propiedad «para garantizar la libertad y la dignidad de las personas» (nº 2402).

De manera positiva la libertad se despliega en la participación en la vida económica: «Cada uno tiene el derecho de iniciativa económica , y podrá usar legítimamente de sus talentos para contribuir a una abundancia provechosa para todos, y para recoger los justos frutos de sus esfuerzos» (nº 2429).


En este contexto el Catecismo aborda la cuestión de la responsabilidad del Estado en la actividad económica (cfr. nº 2431), y lo hace con una cita literal de "Centesimus annus". La responsabilidad del Estado viene expresada en dos niveles: por una parte las tareas que le son propias en la vida económica, por otra los límites de su intervención. Las tareas consisten, fundamentalmente, en crear un marco institucional, jurídico y político que garantice un correcto funcionamiento del mercado. Los límites vienen impuestos por el respeto al principio de subsidiaridad.

En este sentido un buen comentario, o mejor un más amplio desarrollo doctrinal, es el texto de Centesimus annus , en el que se critican los excesos del allí llamado «Estado de bienestar», consistentes en el asumir de manera habitual por parte del Estado tareas y funciones de suplencia que sólo se justificarían, en el caso de ser necesarias, con carácter excepcional y limitadas temporalmente.

No falta en el Catecismo una breve pero importante referencia a la existencia de conflictos en la actividad económica. Reconoce que «la vida económica se ve afectada por intereses diversos, con frecuencia opuestos entre sí» (nº 2430). No califica estos conflictos ni los valora. Únicamente insiste en la necesidad de superarlos mediante la negociación entre las partes implicadas, reclamando la intervención de los poderes públicos solamente en caso necesario, es decir, cuando se hubiesen agotado las posibilidades de arreglo mediante la negociación entre los interesados.

Tienen quizás un especial interés los juicios que formula el Catecismo sobre los sistemas económicos, por ser este un tema que ha merecido detenida atención por parte de los moralistas y también por parte de recientes documentos del Magisterio.

En primer lugar comienza rechazando lo que suele denominarse «economismo» o «materialismo» , es decir, «todo sistema según el cual las relaciones sociales deben estar determinadas enteramente por los factores económicos» (nº 2423). No es posible, en efecto, una comprensión adecuada del hombre o del sentido de la vida social desde una absolutización del sector de la economía.


http://www.foromoral.com.ar/respuesta.asp?id=175

Sigüenza, esencia de Castilla.


Ayer día 31 de Octubre visité con las Asociación de Amigos del Ferrocaril de Madrid en un tren histórico (La Suiza) la ciudad de Sigüenza, la ciudad del Doncel.

Aunque no es capital de provincia, es una ciudad bastante notable, con un gran patrimonio (mantenido irregularmente especialmente aquel de manos privadas) y que cuenta con una catedral absolutamente espectacular, que bien podría decirse que incluso desentona en relación al resto de la urbe.

Llegamos en la mañana tras unas dos horas de viaje en el tren y almorzamos en una hospederia de la zona, lo tradicional de esta región de Castilla, el cabrito asado.

Hicimos turismo por toda la ciudad desde la Catedral (en la cual si se quiere ver completamente hay que hacer una visita guiada de unos 40 minutos y donde no se pueden sacar fotos) el Castillo, una fortaleza actualmente reconvertida en Parador Nacional y un callejeo general donde vimos desde un mercadillo medieval (por llamarlo de alguna manera) hasta el Museo de Arte de la Diócesis.

Pero bueno mejor dejo que hablen las fotos. Espero os gusten.



Un saludo.

Presentación de la Chesterton Review en España



Gracias a Jacques Bonhomme por la información que siento no haber podido transmitir antes de la celebración de las conferencias.

La del día 20 fue en la Universidad San Pablo CEU de Madrid, quienes ademas organizan quincenalmente coloquios sobre el autor y su obra en el "Club Chesterton".

El día 22 fue en el Centro Cultural Nuevo Inicio organizada por el Instituto de Filosofía Edith Stein-Academia Internacional de Filosofía y el G. K. Chesterton Institute for Faith & Culture de la Seton Hall University de New Jersey.

Ciertamente ha tenido bastante cobertura en medios mayoritarios como COPE y otros, así que voy a citar un artículo sacado del semanario católico Alfa y Omega nº 661.

Un economista en el jardín

El hombre que modela su jardín se siente dueño del cosmos; o Un cerdo es un cerdo son algunas de las ideas que utilizó el escritor inglés G.K. Chesterton para formular su modelo económico, el distributismo; una visión del mundo firmemente anclada en la teología católica, que pretendía hacer realidad la doctrina social de la Iglesia

«Todo hombre toma su economía de su religión». Lo escribió el pensador G.K. Chesterton en 1921, cuando, sin ser aún católico, su pensamiento lo era ya casi totalmente. Haciendo honor a la frase, Chesterton y su amigo Hilaire Belloc elaboraron un modelo socioeconómico que reflejara la doctrina social de la Iglesia, y que tomó el nombre de distributismo.

Este modelo protagonizó, el pasado 20 de octubre, el comienzo de curso del Club Chesterton, de la Universidad CEU San Pablo, en el que, además, fue presentada la edición en español de la revista The Chesterton Review, editada por el Instituto Chesterton para la Fe y la Cultura, de la Universidad estadounidense Seton Hall. El padre Ian Boyd, Presidente del Instituto, llevó el peso del acto, en el que también estuvieron, entre otros, el Rector de la Universidad, don Rafael Sánchez Saus, el Rector de la Universidad Francisco de Vitoria, don Daniel Sada, y el profesor de aquella Universidad don Salvador Antuñano.

En su conferencia, el padre Boyd habló de las raíces religiosas, filosóficas y culturales del distributismo, de especial actualidad en el contexto de la presente crisis. Explicó que, para Chesterton, «la reforma social es un trabajo principalmente religioso», pues se basa en «despertar y preservar un sentido religioso del asombro», en gran medida perdido en una sociedad que lo da todo por hecho. La presencia de Dios en su creación y, sobre todo, la Encarnación, confieren «un valor especial a la vida ordinaria y a las cosas materiales ordinarias. Para Chesterton, una de las señales de una creencia ortodoxa es el respeto por la parte material de la vida», mientras que «una espiritualidad incorpórea es una señal del heterodoxo». Un ejemplo -que se puede leer en el artículo Lógica y tenis-es el del economista que intenta convencer a un granjero de que, por el funcionamiento del mercado, dos cerdos pueden valer más que tres. El granjero, taciturno, replica que «un cerdo es un cerdo».

Defensa del hombre común

También a la Encarnación se debe que Chesterton basara su modelo en el hombre común, que hace presente a Cristo. La experiencia -explicó el padre Boyd a Alfa y Omega- muestra que «la mayoría de la gente es más feliz cuando tiene una propiedad y está al cargo de su propia vida».

Esto le garantiza una esfera de acción donde actuar de forma creativa, manifestando el más alto regalo de Dios: la libertad. Como apuntó don Salvador Antuñano, «el hombre no puede abarcar el cosmos, pero puede abarcar y modelar su jardín. Así se siente dueño del cosmos». La familia y una comunidad pequeña permitirán a este mismo hombre seguir reflejando su individualidad.

Chesterton defendía el «contacto con el producto y el valor de lo local y lo regional». Los protagonistas deben ser los granjeros, los pequeños empresarios, los que tienen negocios familiares, etc. Algo, además, necesario por otro motivo. La importancia del hombre común en Chesterton no nace del sentimentalismo populista ni del buenismo. El escritor inglés criticó a liberales y progresistas que no reconocieran la «permanente posibilidad del egoísmo», es decir, el pecado original. La concentración de la propiedad -ya sea en las manos de unos pocos capitalistas o del Estado- aumenta ese peligro, mientras que, si se reparte entre muchos hombres comunes, actúa como protección.

Al final, sin embargo -concluyó en su conferencia el padre Boyd-, el éxito de este modelo, que empieza en Dios, dependerá de Él y «de que los hombres se vuelvan a Él en busca de ayuda».

María Martínez López


Enlace original


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Seguiremos antentos a la evolución de la publicación. ¿Alguien sabe donde conseguirla o como suscribirse?

Como extra una edición especial que se hizo en 2007 de la Chesterton Review en español.

Saludos.

Manual de Distributismo: Una economía paralela

Manual de Distributismo: Una economía paralela

Por Peter Chojnowski *


Al considerar las implicancias prácticas de las doctrinas económicas del Distributismo, es importante recordar que sus teóricos, Hilaire Belloc, G.K. Chesterton, Arthur Penty y el P. Vincent McNabb, no tenían intención de proveer un mero modelo macroeconómico nacional. Tal modelo macroeconómico es útil para las decisiones prudenciales del estadista. Ellos, más que eso, esperaban que tal modelo fuese aprovechado por los estadistas de su tiempo. Es providencia, por lo tanto, que también hayan mencionado las implicancias microeconómicas de su “tercera vía”. Son estas implicancias microeconómicas, aplicadas específicamente a la situación actual de la familia tradicional católica promedio, las que serán el tópico de este artículo.

Es importante comprender que nos enfocamos en los aspectos microeconómicos de la tercera vía y preguntarnos, cómo podemos aplicar estos principios e ideas a nuestras propias vidas, nuestras propias situaciones familiares y las situaciones de nuestras crecientes comunidades católicas tradicionales. La razón de que es posible es porque “economía” del griego oeconomia, significa “administración del hogar”, la forma en que ordenamos, sostenemos y estabilizamos nuestras familias y nuestras comunidades. Un verdadero teórico de la economía debería, por lo tanto, tener como fin primario el establecimiento de un sistema que provea las necesidades básicas de las familias y que provea a los hombres con el trabajo que es intrínsecamente satisfaciente, capaz de proveer sostenimiento y en total acuerdo con el fin último de la vida humana, el tomar parte de la mismísima Vida Divina.

¿Qué permitirá a nuestras familias lograr estos fines del trabajo y el hogar? Primero, debemos comprometernos a la meta adelantada en las enseñanzas del papa León XIII (Rerum Novarum), el papa Pío XI (Quadragesimo Anno) y los teóricos distributistas: la posesión de propiedad familiar real. Solo es mediante la tenencia de propiedad real (esto es, no hipotecada al usurero moderno) que podemos establecer “reinos” fijos, baluartes de Cristiandad capaces de sostener por un período indefinido de tiempo familias dedicadas al Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo.

Segundo, debemos organizar el trabajo. Obviamente, para organizar el trabajo debe existir una “fuerza laboral” lo suficientemente grande para ser organizada. Si queremos verdaderamente poner los fundamentos de un sistema microeconómico, debemos satisfacer el objetivo de todo sistema económico, la satisfacción de las necesidades básicas de las familias. Esto sólo puede hacerse si existe un grupo lo suficientemente diverso de hombres y mujeres cuyo talento laboral les permita participar en este ensayo de satisfacer las necesidades básicas y primarias de una comunidad. A este respecto, enfaticemos que nuestra “economía paralela” (esto es, una economía que satisfaga las mismas necesidades que la economía capitalista dominante, pero que satisfagas estas necesidades de una manera diferente), debe enfocarse en lograr proveer lo que el P. Vincent McNabb llama “bienes primarios” (por ejemplo, vivienda, comida, vestimenta, y agrego servicios médicos), a diferencias de los “bienes secundarios”. Los bienes secundario son aquéllos que son pensados para satisfacer algún deseo o capricho del hombre, pero que no son esenciales de la forma en que lo son los bienes primarios. Al satisfacer las necesidades básicas, o al menos tantas como sea posible, nuestra comunidad avanzará hacia el objetivo de la autosuficiencia que es el signo de toda sociedad verdadera.

Tercero, necesitamos tener, como parte de una comunidad coherentemente organizada sobre la base de la Fe verdadera, un compromiso a apoyar, de cualquier manera posible, la organización económica de la comunidad sobre la base de las enseñanzas de la Iglesia. Sin este tipo de compromiso de intenciones, tal proyecto fracasará. Lo que se necesita es tanto un compromiso ocupacional de parte de algunos miembros de la comunidad o comunidades y un compromiso económico de parte de todos los miembros de la comunidad.

¿Qué tipo de compromiso ocupacional es necesario? Significa que un trabajador o profesional renunciará a su conciencia capitalista que le dicta usar sus habilidades, talentos y trabajos para satisfacer sus deseos y caprichos, suyos y de su familia, para usar de ellos tanto para satisfacer las necesidades de su familia como para contribuir a la satisfacción de las necesidades de todas las familias de la comunidad.

¿Qué tipo de acuerdo económico es necesario? Sólo la resolución, por parte de todos los miembros de la comunidad, de canalizar sus recursos financieros de tal manera que las propias necesidades de su familia sean satisfechas a través de los esfuerzos de los órganos económicos o los cuerpos corporativos compuestos por hombres y mujeres de la propia comunidad. Esto no se refiere a contribuciones financieras gratuitas, sino, por el contrario, simplemente a satisfacer las propias necesidades básicas de la familia dentro de las estructuras organizadas de la misma comunidad. Para que esto ocurra realmente, debemos desarrollar un sentido fuerte de “hermandad” basado en la adhesión a la totalidad de la Fe verdadera y sobre la base de la virtud divina de la caridad fraternal. Nuestro compromiso, como individuos y comunidad, debe ser asegurar a la totalidad de los grupos de familias, cuanto más grandes mejor, la supervivencia, la prosperidad, la crianza y educación de los hijos, y la persistencia en la práctica de la religión verdadera frente a un mundo completamente hostil y un “sistema” anticristiano. Ésta será nuestra oportunidad para desinvertir de un sistema económico comprometido con la destrucción de las grandes familias verdaderamente católicas y para reinvertir en un esfuerzo microeconómico que no sólo sostendrá a la familia católica tradicional como familia católica tradicional, sino también inevitablemente ayudará a sostener capillas y escuelas tradicionales que están dando vida a las almas y las mentes de tantos.

A) Guildas

El primer paso en la organización de un sistema microeconómico tal es la organización de guildas. Las guildas eran los órganos del sistema económico distributista que floreció en los siglos católicos del pasado. En tiempos recientes, el arzobispo Lefebvre y el obispo Fellay han específicamente abogado por la formación de tales organizaciones vocacionales entre los fieles católicos tradicionales.

Por su naturaleza, las guildas demandan una fuerza de trabajo dividida según ciertas especialidades. Para nuestros propósitos, dado que estamos considerando una pequeña fuerza laboral en términos relativos, debemos establecer guildas cada una dedicada a la satisfacción de una de las necesidades básicas mencionadas antes (esto es, comida, vivienda, vestimenta y cuidado médico). Dado que estas guidas serán cuerpos corporativos, uniendo a todos los miembros de un cierto tipo de labor, estos cuerpos necesitarán estar animados de almas espirituales. La primera necesidad de una organización de trabajadores tal es el cuidado moral y espiritual a cargo de un capellán. El rol del capellán sería orientar propiamente las mentes de los “hermanos” de modo que puedan tratar entre ellos y con sus clientes, implementarán propiamente las enseñanzas de la Iglesia en su propio específico campo de trabajo, junto a asegurarse que los hombres comprendan siempre su trabajo y su labor como guilda desde una perspectiva de Fe y de la meta última de la vida humana. También, en el espíritu de las guildas medievales, una especial devoción a un santo patrono debería enlazar la vida católica de cada cuerpo específico; San Rafael para los trabajadores médicos y San José para los obreros de la construcción se me ocurren. Dando al trabajo un espíritu católico, y trabajando con aquéllos que tienen la misma fe y luchan por lograr la misma vida moral, habrá inevitablemente una gran integración de fe y trabajo, lo cual ayudará a un catolicismo más integral de parte de aquéllos que formen parte de la guilda.

Al mismo tiempo que integrar fe y trabajo, el sistema de guildas ayudará a lograr un significado económico para la guilda como un cuerpo de trabajadores o profesionales. Tanto la guilda como un todo, por ejemplo, la guilda de trabajadores de la construcción, estará en mejor posición de negociar respecto a contratos específicos ya que tienen un equipo armado con cierta reputación en el área, o como empleado individual, digamos un radiólogo, como miembro de la guilda de servicios médicos tendrá un grupo de profesionales de la misma profesión en general apoyándolo. El fin último de estas guildas, por supuesto, será servir como los “órganos” primarios para proveer las necesidades de bienes básicos para el mantenimiento de la comunidad. No sólo el trabajo de las guildas estará específicamente dirigido al bien de sus propias comunidades específicas. Los miembros de las comunidades servidas por las guildas deben también obligarse a apoyar a sus hermanos empleándolos. Las comunidades católicas tradicionales deben comenzar empleando a su propia gente para servir a las necesidades primarias de sus propias familias. Cuando un hombre católico tradicional está buscando una esposa, él, si está sano, “busca” en lugares específicos y entre ciertas familias. ¿Por qué no hacer lo mismo cuando buscamos un empleado?

B) Guildas y empresas de propiedad familiar

Al organizar el trabajo en la forma de un sistema de guildas, los recursos financieros pueden conseguirse también en forma fácil si se adquieren empresas en operación en el área en que la mayoría de la comunidad vive. Una verdulería, una cooperativa agraria o un comercio de ropa que tienen como fin servir a la comunidad más que hacer mera ganancia, deben ser una meta de las guildas relevantes. Son estos tipos de negocios, tanto como guilda o propiedad familiar, los que pueden lograr la demanda de la Iglesia de un precio justo y alcanzable. Establecer precios alcanzables y proveer salarios justos para los empleados puede ser económicamente realizable si existe una clientela estable o un alto volumen de ventas. La propiedad comercial también significa algún grado de control político a nivel local. El dinero significa poder; no olvidemos este razonamiento, antes bien, empleemos esta verdad para el bienestar financiero y social de nuestras comunidades.

Por supuesto, en nuestro tiempo, uno de los campos en los cuales se pueden encontrar muchas prácticas y actitudes moralmente objetables es el campo médico. Seguramente, con todas las necesidades médicas de las familias numerosas, incluyendo los remedios y los servicios pre y postnatales, una de las metas de una guilda de servicios médicos debe ser el establecimiento de una clínica médica independiente o la adquisición de una clínica ya en operación. Incluso debería haber una búsqueda concertada para encontrar personal para tal clínica de entre los profesionales médicos católicos tradicionales que busquen mudarse a una de varias comunidades en los Estados Unidos u otros lugares. En total acuerdo con la orientación de esta propuesta “hacia lo básico”, el servicio de los nacimientos en el hogar seguramente beneficiará a aquellas familias numerosas o nuevas que busquen evitar los precios astronómicos, la esterilidad y la atmósfera no familiar del hospital moderno.

C) Hogar familiar

A medida que un número creciente de jóvenes familias se dan cuenta que sus hijos necesitan los beneficios de la educación en una escuela católica tradicional, necesariamente considerarán migrar a una comunidad católica tradicional formada alrededor de una institución educacional en operación, normalmente una que pueda proveer educación para todas las edades, incluyendo el secundario. Uno de los esfuerzos concertados que deben hacerse es proveer vivienda a precios razonables para estas familias nuevas y en crecimiento. Una casa a precio razonable sólo es posible cuando hay tierra a precio razonable para construir una casa. Será muy probable que las comunidades que puedan atraer a tales familias nuevas o numerosas estén situadas en áreas rurales o semi rurales. En estas áreas, los terrenos pueden comprarse sin necesidad de pedir los “servicios” de la rama local de la usura internacional. Si la propiedad real es la meta, la tierra a precio razonable es una necesidad. El próximo problema a resolver es la construcción de una casa a precios razonables. Aquí, creo que una guilda de la construcción pueden hacer de esto su tarea central y su “apostolado”. ¿Qué mejor modo de animar a las familias jóvenes y en crecimiento a mudarse a comunidades que también provean la escuela para sus hijos que haciendo disponible para ellas la vivienda a precios verdaderamente razonables? ¿Qué mejor modo de proveer un trabajo estable y continuo para la guilda de la construcción que servir a la demanda que sin duda existirá si se conoce la existencia de una oferta segura? Nuestro lema aquí debe ser “¡trabaja en serio!” Por supuesto, en estas comunidades individuales, existirá la necesidad de alguien que coordine la oferta y la demanda. Ésta puede consistir en un programa comprensivo para la guilda de la construcción. La acumulación de capital por la misma guilda podrá facilitar la compra inicial de terrenos sobre los cuales la guilda construirá sus casas. Casas en general no pensadas para solteros y familias pequeñas, sino para familias numerosas. De nuevo, un volumen incremental hará posible precios razonables. El objetivo, por supuesto, debe ser que el máximo número de familias posible tenga su vivienda libre de hipotecas.

D) Programas de aprendizaje

Una de las metas del sistema de guildas propuesto debe ser la iniciación de un sistema de aprendizaje. Los aprendices han sido siempre el futuro de cualquier guilda. Estos programas han sido una fuente de esperanza para los jóvenes. La esencia del sistema de aprendizaje es la existencia de un maestro o maestro-artesano y de un discípulo o aprendiz. La relación entre el maestro y el discípulo es el fundamento de todo sistema educativo verdadero de cualquier tipo. Tal relación, sea establecida dentro de una guilda particular o, incluso, entre un hijo y su padre en el rol de maestro artesano, remediará muchos de los dilemas que minan las mentes y los corazones de nuestra juventud católica tradicional. Primero, habrá una integración psicológica mayor. Al formar lazos fraternales con los hombres que trabajan en la misma profesión que, también, comparten la misma fe, la Fe verdadera será algo más que una serie de proposiciones aprendidas en la niñez, con poca relevancia para el mundo del trabajo, el dinero y los amigos. En cambio, sintiéndose una parte vital de un cuerpo corporativo de hombres unidos no sólo por un trabajo común sino por una fe común, estará en condiciones de entender la Fe como algo para mentes maduras. En este caso, la Fe le proveerá amigos, mentores, clientes, una ocupación, esperanza para el futuro y pan.

Segundo, el sistema de aprendices proveerá algo que desesperadamente necesitan nuestros jóvenes: una muy rápida transición de la adolescencia a la adultez. El trabajo serio en un negocio serio no sólo hará al joven más responsable de sí mismo, sino le hará posible prever el día en que tendrá los suficientes medios para formar su propia familia.

Adjunta a esta idea de revivir la antigua posición del aprendiz, está otra propuesta que tiene un conjunto similar de metas. Es la relación maestro-aprendiz aplicada a las carreras profesionales “de cuello blanco”. La mayoría de éstas caerá fuera del sistema de guildas que tiene su fin en proveer lo que llamamos “bienes primarios”; si un joven quiere convertirse en profesor, abogado o contador por ejemplo. Para estos jóvenes, adelanto la idea de un programa de “hermano grande” con una red estable de contactos profesionales. Estos “hermanos grandes”, que son católicos tradicionales que ya trabajan en la profesión a la que el joven está buscando entrar, actuarán como asesores, confidentes, patrones y proveedores de contactos para el joven mientras éste recorre su camino a lo largo del laberinto educacional y profesional que es parte del inicio en cualquier profesión. De este modo nos aseguraremos que las comunidades de las que hablamos tengan un ensamble completo de profesionales dedicados a su servicio o tendremos jóvenes católicos tradicionales cuidadosamente guiados a las posiciones “correctas”. Debemos cultivar a nuestros mejores y más brillantes. Recuerden, ¡los masones tomaron esta idea de nosotros!

E) Trueque y cooperativas de crédito

Uno de los problemas más obvios que encontramos en el jefe de familia en su intento por lograr una propiedad real para su familia es el hecho de que los salarios no son lo suficientemente altos para satisfacer las demandas que se le hacen para proveer los bienes primarios necesarios para la supervivencia de su familia en la sociedad contemporánea. Nuestro estilo de vida no puede mantenerse sin incurrir en deuda con una u otra institución financiera que, a través de la usura y la explotación del sistema económico basados en los deseos y los caprichos, han obtenido el control de la oferta de dinero y de alguna manera reciben “permiso” para crear “dinero”, basado en nada más que la palabra de la misma institución. ¿Cómo podemos evitar que nuestros hermanos incurran en deudas? Tal debe ser una de las metas primarias de una economía paralela basada en los principios distributistas de la Rerum Novarum. En cuanto a eso, junto con la guilda de la construcción ayudando a mantener los precios bajos gracias a la demanda estable y dado que el objetivo es el sostenimiento de la familia y no la ganancia, existen otras dos formas en que sugiero evitar el endeudamiento de nuestros correligionarios. Ellas son el uso prudente y restringido del sistema del trueque, y el establecimiento de cooperativas de crédito no usurario. Por el “sistema de trueque”, simplemente me refiero el cambio de un servicio por otro servicio, más que el intercambio de un servicio por dólares. No sólo el intercambio del trabajo de un hombre por el de otro hombre fortalece los vínculos entre ambos hombres, ambas familias, sino que también permite a la familia conservar el capital monetario que tenga, al mismo tiempo que evita totalmente la necesidad de recurrir a los prestamistas para pagar un servicio. Más aún, hasta donde sé, un servicio intercambiado por otro servicio (por ejemplo, un trabajo de plomería por huevos y gallinas), no figurará como el ingreso monetario anual de uno. Otra forma de legalmente “desinvertir” en el sistema y reinvertir en los hogares de la Cristiandad.

La otra forma que propongo de ayudar a los hermanos católicos tradicionales a evitar la esclavitud de la usura y, aún así, proveer fuentes de financiamiento para algunos de los proyectos sugeridos aquí, es establecer cooperativas de crédito no usurario. ¿Cómo puede ser esto posible si los préstamos típicos de las cooperativas de crédito prestan dinero a una tasa de interés aunque baja a sus miembros? Aquí debemos tener en mente la condena tradicional de la Iglesia a tomar intereses en todo tipo de préstamos no rentables. Los préstamos para la construcción son, excepto en los casos de especulación, préstamos no rentables. Un préstamo con interés que sirve como dinero de inversión inicial de un proyecto que arroja una ganancia, un censo de medievalistas lo probaría, fue siempre perfectamente aceptable para la Iglesia. El prestamista, en este caso la cooperativa de crédito propuesto, simplemente sirve como un socio en lo que será un emprendimiento conjunto. Al recibir parte de la ganancia de estos emprendimientos conjuntos, la cooperativa de crédito, que debió haberse establecido por la recaudación de capital, estará en condiciones de prestar dinero a aquéllos en la comunidad que construyan casas o provean otras necesidades básicas y primarias. Estos préstamos serán devueltos, a tiempo, sin ninguna carga usuaria adyacente.

F) No tratar a los hermanos como extraños

Las propuestas de arriba están basadas en un hecho frío y duro. Es que, en el futuro próximo, en la escena geopolítica y en el nivel macroeconómico, no hay esperanza de que las ideas adelantadas por los distributistas en la primera parte del siglo XX sean implementadas. Dado que, sin embargo, son parte de una visión católica integral del recto orden de la sociedad humana y dado que, de acuerdo con Rerum Novarum y Quadragesimo Anno, son parte de la total realización del Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo, debemos intentar implementar estas ideas a nivel local y comunitario. Necesitamos comunidades para ello. Tenemos comunidades así ya establecidas y conocemos varias otras de tales comunidades en los Estados Unidos y en otros lugares como en Tynong (Australia) por ejemplo, que aún están en etapa de nacimiento.

Si las comunidades de familias animadas y adheridas a la Tradición deben sobrevivir e incluso prosperar, si nuestros jóvenes deben ser alejados de la tentación a cruzarse de lado, en sus mentes o en sus corazones, y si debemos vivir los principios y las doctrinas a las que adherimos con nuestras mentes en una sociedad hostil, debemos considerar, seriamente, la pregunta, ¿cómo hacerlo? La respuesta básica a esta pregunta es no tratar a los hermanos como extraños.

* Nacido en New Britain (Connecticut, EE.UU.) en 1965, el Dr. Peter E. Chojnowski es profesor en la Academia de la Inmaculada Concepción en Post Falls (Idaho). Graduado “magna cum laude” en Filosofía, Ciencia Política y Economía en el Colegio Universitario Christendom, tiene una maestría y un doctorado en Filosofía en la Universidad de Fordham. Ha sido profesor en numerosos institutos, academias y universidades de su país y dictado conferencias en Europa y Asia, también es frecuente colaborador de la revista “The Angelus”.

Callejones de la Yuderia

Ayer por casualidad escuchando la radio antes de ir a dormir, descubrí esta MARAVILLA de cantante de música sefardita con un toque de fusión excepcional (y eso que yo para la música antigua solo ser bastante ortodoxo en mis gustos)

Yasmin Levy







La sangre de España más alla del mar, el tiempo, el credo y la memoria.

12 de Noviembre, Día de la Nación Española